Posteado por: elvenbyte | Mayo 15, 2007

Noveno eslabón (Manuela)

Mario saboreó el segundo trago y se sintió aún más reconfortado. El líquido al transcurrir por su garganta arañó recuerdos y los despertó. Otros momentos y otros días placenteros ante los que tuvo el presentimiento que no volverían a repetirse. Sintió que su vida se desmoronaba. Las piezas que la habían ido formando ahora se desencajaban como si una carcoma hubiese ido mordiendo sus esquinas hasta desequilibrarla.

Ahora ya no era la incertidumbre del futuro lo que le inquietaba, sino el propio presente. ¿Cuál era su realidad? Y, sobre todo, dónde estaba la verdad y la mentira, la realidad y la ficción.

La duda, la incertidumbre, el no saber en qué creer. ¿Acaso él mismo no era fruto de una pirámide de contradicciones?

Apenas habían pasado unas horas desde la detención de Olga y ya añoraba la paz de ayer, de los días anteriores. Y ante todo la añoraba a ella, sus caricias, sus besos apasionados, la suavidad de su piel verificada por sus manos al recorrer cada centímetro de su cuerpo…

Muchas mujeres pasaron por su vida antes que Olga, pero ninguna como ella. La elasticidad de su cuerpo conseguía siempre acoplarse con el suyo rozando la perfección, lo sublime. Desde la primera vez que ocurrió supo que era un elegido. El único hombre entre miles al que se le concedía aquella dicha.

Bebió un largo trago y cerró los ojos, volvió a sentirla desde la armonía y la exaltación del último encuentro tan solo cuarenta y ocho horas antes. Recordó sus ojos buscando los suyos en ese instante en el que hasta la muerte puede llegar a ser sublime.

Recordó sus palabras provocadas por el éxtasis de la felicidad. Una felicidad ahora diluida, volatilizada, quizás ya enterrada bajo los escombros de un presente incierto…

Imagen enlazada con GLAUKA, una vez, fue Sirena.


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