Posteado por: elvenbyte | Mayo 12, 2007

Séptimo eslabón (Mariángeles)

Cuando sacó de la caja fuerte, oculta tras un mueble del salón, aquella pistola con puño de nacar, rememoró toda una vida de viajes alrededor del mundo y de las situaciones comprometidas y peligrosas por las que, debido a su profesión, había pasado.

Ser periodista y más, enviado especial, muchas veces a tierras de conflictos bélicos, no solo le habían forzado a aprender defensa personal sino también a usar esos artilugios, que como el dicho popular decía, cargaba el diablo. En aquella ocasión quizá, dadas las circunstancias, y con su mujer en una cárcel de alta seguridad, llevarla encima parecía lo más conveniente. Lo que no lograba entender era lo que aquel individuo de gabardina y sombrero había querido transmitirle en aquel mensaje, indicaciones que aún retumbaban en su memoria : “: “Ha sido un irresponsable. El enemigo dispone de información peligrosa. Abandone su actual identidad y diríjase al lugar seguro W23 hasta nueva orden. Los rusos intentarán matarle, por ello extreme las precauciones. Despréndase del pinganillo en cinco segundos”.

Seguía sin comprender esa situación por mucho que lo pensara. O todos se habían confundido de persona o quizá era una trampa que alguien intentaba tenderle. Eso debía ser, seguro. El movimiento de espionaje español quería saber, si él también trabajaba para otro gobierno pasando información privilegiada. No en vano su cargo en el periódico de mayor tirada nacional y el más implicado en sacar a la luz pública todos los temas que otros deseaban tapar, era un sitio donde se manejaban documentos, a veces muy comprometidos. Algunos altos cargos se la tenían jurada al periodista Mario Topete. Ahora irían a joderle, estaba completamente seguro. Mientras, recordaba a su mujer y la deseaba. Jamás había perdido la pasión por ella, pese a que las primeras canas y arrugas iban apareciendo. Y , echándose sobre la almohada que aún conservaba el olor de su hemoso cuerpo, cerró los ojos y recordó, sin saber por qué, el último viernes en que quedaron con María y Ernesto para ir al concierto. Él, más nervioso que de costumbre, le atosigó en el descanso haciéndole preguntas sobre el viaje que hizo al Amazonas, para cubrir un documental que su periódico estaba haciendo sobre una de las tribus que habitan la selva amazónica. También insistió mucho en su amistad con sir Patrick, que financiaba entre otros ese reportaje, y a la vez dueño del castillo de Leap, el que más fantasmas poseía de todo Irlanda. Olga, su mujer, siempre había amado Irlanda.

Imagen enlazada con GOLDPOINT.


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