-Siempre nieva en las cumbres del Himalaya- apuntó el hombre con una distante frialdad.
-No lo suficiente para una avalancha- respondió Mario.
El extraño miró a los lados con gesto nervioso y después extrajo un paquete de tabaco de uno de sus bolsillos.
-¿Un cigarro?- preguntó extendiendo el paquete donde sobresalía uno de los pitillos.
Mario aceptó el ofrecimiento a pesar de que hacía muchos años que dejó el tabaco. En su mano, aquel pitillo parecía pesar más de lo habitual. Se lo llevó a la boca e hizo el gesto mecánico de buscar el mechero palpando sus bolsillos.
-No lo encienda-le dijo el hombre mientras arqueba una de sus pobladas cejas- déjelo para después.
El hombre de la gabardina se colocó el sombrero y salió del bar sin mediar palabra. Mario le siguió con la mirada antes de dirigirse a los aseos del bar. Cerró la puerta con el seguro y se dedicó a deshacer el pitillo. Arrojó las briznas de tabaco al inodoro junto a los pedazos de papel fino y extrajo de la boquilla un minúsculo artilugio con forma de audífono. Una vez acomodado en su oído, comenzó a escuchar el mensaje: “Ha sido un irresponsable. El enemigo dispone de información peligrosa. Abandone su actual identidad y diríjase al lugar seguro W23 hasta nueva orden. Los rusos intentarán matarle, por ello extreme las precauciones. Despréndase del pinganillo en cinco segundos.
Mario arrojó el aparato al inodoro y tiró de la cadena. Descorrió el pestillo, tragó saliva y volvió a palparse la chaqueta para comprobar esta vez que su pistola aún seguía allí…
Imagen enlazada con Oslo Cyclotron lab.