Pensó en comentarlo con Ernesto, amigo de siempre, o con Pilar, hermana de Olga que ya había sido su confidente cuando una pequeña crisis se vino a instalar en el matrimonio a los pocos años, pero era demasiado importante el tema como para difundirlo. No, al menos hasta que estuviera todo más claro.
Compró la prensa; Hojeó varios diarios locales y nacionales, pero no vió ninguna noticia al respecto, por lo que respiró aliviado. La cabeza le daba vueltas y entendió que debía desayunar cuando el olor del café cruzó hasta él desde la otra acera, así que fue a su encuentro.
Aquel bar era pequeño, casi familiar. Unas seis personas habían ocupado las pocas mesas, y apuraban sus consumiciones con el rosto medio oculto entre las hojas del periódico, por lo que tuvo que colocarse en la barra.
Una vez instalado, ojeó pausadamente todo cuanto tenía a su alrededor, preguntándose si habría alguno con problemas mayores que el suyo.
A su lado se sentó un hombre alto, moreno, con una gabardina clara y un sombrero marrón que dejó con suavidad sobre el portafolios.
Por un instante, sus miradas se cruzaron.
Imagen enlazada con Fundación Lázara Galdiano.