Había conocido a Olga, en un recoleto e intimista jardín del típico Madrid.
Solía pasar con mucha frecuencia, ya que era uno de los itinerarios alternativos que había elegido, para ir al “curro”.
Su físico y su actitud, fue lo primero que me llamó la atención de ella.
Hablaba con alguien desde su teléfono móvil, pero su lenguaje corporal…la delataba. Estaba absorta y un brillo de preocupación, aparecía en sus acerados ojos. Su espigada figura no dejaba impasible a nadie.
Con el tiempo, supe que era su gran preocupación…,¡¡pasar desapercibida!!…y, es ahora, con el motivo de su detención, cuando mis sospechas y recelos, por la conducta y amistades de Olga, tomaban cuerpo y sentido…
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