No era su futuro, pero si, su presente el que le preocupaba, se sentía constantemente vigilado y no era una vigilancia imaginada mas bien una amenaza real.
Aquél viernes que salieron con Maria y Ernesto, aún recordaba, como Olga se había disculpado, al poco tiempo de haber empezado el concierto de piano. Se excusó con un gesto tímido y refinado, aunque, sin ser consciente, miró a su marido al mismo tiempo que salía del palco….,Mario creyó oír un “clic” en su cabeza, o simplemente era qué el gesto de Olga, le trasmitía preocupación.
Se enfrascó en las magistrales notas que salian de los dedos del pianista. Al salir del ensimismamiento que le había sumido la música, miró de refilón su reloj, ¿ por qué tardaba tanto su mujer ?, ¿ se habrá sentído indispuesta ?. Sin mediar palabra con sus acompañantes…,Mario salió del palco.
Al girar en un recodo del pasillo, oyó un murmullo de voces, cada vez mas próximas. Sin saber, ni buscar el sentido a su reacción, se escondió tras unos largos y pesados cortinajes.
A pesar de la relativa proximidad de la pareja, sólo reconoció la figura de su esposa al lado de un joven. Unas frases sin sentido llegó a memorizar,”…siempre nieva en el Himalaya”, a lo que Olga, contestó, “no lo suficiente para una avalancha”. ¿Quién era aquel joven?…,¿ por qué estaba Olga con él ?, y sobre todo…¿ qué habían querído decir aquellas enigmáticas palabras?.
Su curiosidad era grande, pero no lo suficiente, como para desvelar su escondite…., salir entonces, era reconocer que estaba espiando a su esposa. La pareja se alejó, momento que aprovecho Mario para regresar a su asiento en el palco.
El regreso de Olga fue casi inmediato, le sonrió y terminaron de oír el concierto sin comentar nada. Ya en su hogar, y en la intimidad del lecho, Mario pregunto por la identidad del joven .
– ¡¡ Oooh amor…era un joven que preguntaba por la actuación de un grupo, que proximamente vendrá al teatro !!, la letra de sus canciones apasiona a los jovenes. -
Con esta sencilla explicación, quedó zanjado el tema del teatro. Solo volvió a la luz, después de la detención de Olga, solo tuvo sentido, cuando oyó la voz del hombre de la gabardina…..
– SIEMPRE NIEVA EN EL HIMALAYA – , …..a lo que él, como un autómata…respondió:
– NO LO SUFICIENTE PARA UNA AVALANCHA -
Imagen enlazada con Oscar Mota.
Mario saboreó el segundo trago y se sintió aún más reconfortado. El líquido al transcurrir por su garganta arañó recuerdos y los despertó. Otros momentos y otros días placenteros ante los que tuvo el presentimiento que no volverían a repetirse. Sintió que su vida se desmoronaba. Las piezas que la habían ido formando ahora se desencajaban como si una carcoma hubiese ido mordiendo sus esquinas hasta desequilibrarla.
Mario Topete se sentó en la butaca de su salón con la intención de ordenar sus pensamientos. Recordaba que Olga le había contado que sus padres fueron parte de los miles de niños que durante la guerra civil española fueron enviados a Rusia por sus padres, los embarcaron desde el Puerto de Alicante hasta un destino incierto. Cuando llegaron a tierras soviéticas, los acogió el Estado en un centro de menores y les enseñaron un oficio para ganarse la vida, además de ser adiestrados para servir al régimen comunista.
Cuando sacó de la caja fuerte, oculta tras un mueble del salón, aquella pistola con puño de nacar, rememoró toda una vida de viajes alrededor del mundo y de las situaciones comprometidas y peligrosas por las que, debido a su profesión, había pasado.
Se acercó nuevamente al mostrador y pidió un café doble acompañado de una copa de Napoleón que bebió de un trago. Pagó la consumición y salió a la calle. Circulaba poca gente por ella ya que la nieve arreciaba. Mario comprobó con satisfacción que nadie parecía espiar su salida. Comenzó a caminar con rapidez, en dirección a su oficina, pensando en la situación de Olga y en la suya misma. ¿Qué representaba aquella advertencia? ¿Qué sabían de él los rusos? ¿Habría averiguado Olga sus actividades? ¿Acaso los rusos lo consideraban el causante de la detención de su mujer? y lo que todavía lo inquietaba con más fuerza? ¿Quién había dado el chivatazo o cuál había sido el desencadenante de aquella situación? ¿Había tenido Olga alguna sospecha en algún momento? Repaso los aconteceres de los últimos días. Todo había transcurrido con normalidad: el concierto de los viernes por la noche, en esta ocasión una actuación insuperable de un pianista japonés interpretando obras del noruego Edvard Grieg, al que fueron en compañía de Ernesto y María; las sesiones de sauna y masajes del sábado en el hotel Majestic; el descanso dominical en el que cada uno se enfrascaba en sus aficiones. La mente de Mario se esforzaba en encontrar algún indicio, algo, alguna pista… y de pronto recordó un pequeño detalle que si en su momento no le había sorprendió, ahora adquiría cierto matiz a la luz de los acontecimientos. Fue durante la primera parte del concierto…
-Siempre nieva en las cumbres del Himalaya- apuntó el hombre con una distante frialdad.
Pensó en comentarlo con Ernesto, amigo de siempre, o con Pilar, hermana de Olga que ya había sido su confidente cuando una pequeña crisis se vino a instalar en el matrimonio a los pocos años, pero era demasiado importante el tema como para difundirlo. No, al menos hasta que estuviera todo más claro.
Mario estaba desolado. Parecía mentira que la mujer de la que se enamoró hacía tanto tiempo, le hubiese estado engañando durante años, y él sin saberlo.
A pesar de la lluvia y del frío, Mario, con el abrigo desabrochado, cruzaba la avenida como si fuese el único hombre sobre la tierra.